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El extraño caso de la Agilitis Startupera

En Pixel Radius últimamente asistimos al curioso fenómeno de lo que nosotros llamamos agilitis startupera, enfocado sobre todo a nuestro campo fundamental, el desarrollo. No nos adentraremos en el campo del marketing digital, por ser objeto de una biblia aparte.

Todo comienza habitualmente cuando un futuro CEO ha tenido una idea genial, suculenta y prometedora a nivel económico. Suele no existir la figura de un responsable técnico realista medio normal (hablamos de alguien que haya trabajado de verdad en trincheras, no de un vende burras de marketing digital).

Así, lleno de ilusión y magia, nuestro joven e inocente CEO comienza a visitar programas de empresas, campus buen rollistas, aceleradoras, etc., etc. Como por arte de magia, todos esos personajes salidos de una ópera bufa, expertos en todos los capítulos de Sillicon Valley, el despegue vertical y las maravillas del marketing digital, inyectan en la cabeza del simpático CEO, que bastante tiene el pobre con lo que le va a venir encima, el germen de la agilitis.
No me malinterpretéis, soy un firme defensor de los métodos de trabajo ágiles, y son adecuados, sí, pero en cierto momento y a cierto nivel.

En ese momento, nuestro simpático CEO, hasta entonces casi inocente, ya sabe kung-fu y ha sido bendecido por los 12 principios del manifiesto agile, y es consciente de los métodos de producción modernos y adecuados que todo esclavo tecnológico necesita. Ha adquirido un nuevo lenguaje, agile, business plan, trello, cloud, machine learning, integración continua, y un sin número más de términos que antes no conocía, y Dios Santo, sin los que ha tenido que vivir hasta ahora. ¡¡Increíble!! ¿Cómo ha podido sobrevivir en un mundo hostil lleno de dinosaurios sin esas herramientas???.

Por tanto, aprende que su proyecto necesita lo que el mecenas, el campus, la aceleradora o el iluminado de la serie de Silicon Valley indican, independientemente de si se va a poner pasta o no, porque eso es lo más divertido. Si no hay pasta, todos esos actores van esfumándose del teatro de operaciones, y entonces el simpático CEO se queda solito con el marrón. Mola, ¿no?.

En ese momento, la empresa en ciernes o esa Startup constituida ya padece de síntomas leves de Agilitis: Business plan interminable, dashboard de proyectos, diagramas de Gantt al segundo, desgloses y más desgloses de presupuestos y métodos de trabajo imbuidos con calzador a una empresa joven, sin experiencia y sin estructura.

Nuestro CEO bendecido sin saberlo está sentando las bases de un sistema de trabajo agotador para un equipo pequeño, y que a veces produce parálisis por análisis. Eso produce casuísticas delirantes (os juramos que lo hemos visto), como que tengamos infraestructura, plantilla, mockups, sistemas de integración continua, dominios, muchas deudas, etc., y NO HAYA UNA SOLA LÍNEA DE CÓDIGO EN PREPRODUCCIÓN, ya no digamos un MVP. Sin embargo, hay paneles de Jira o Trellos que harían vomitar a una cabra, tropecientos hitos y sprint para un maravilloso equipo de dos, repositorios de git con más ramas que una secuoya gigante, y salas y más salas de slack.

Por supuesto, todo debe acompañarse de entornos automatizados de juguete (en la super nube, claro, da igual cual) que solamente servirán para garantizar que no paren de pagar un pastizal al mes en cuanto tengan tráfico, y que a veces complican más que solucionan, o al menos en ese punto del proyecto. Ah, y que no falten nunca Docker y Kubernetes gobernando a placer.

Para complicarlo más aún, en algún momento se decide introducir dos figuras mágicas, el coach que acompaña al acelerador de éxito (o los dos juntos, esto ya es la hostia), y la traca final: la figura del gestor de proyectos ágil, con una imponente certificación PMP, por supuesto.

Ésta figura es fundamental para la historia de nuestro CEO. Se trata de un perfil de veintipocos años, que utiliza muchos tecnicismos en inglés, que tiene 0 experiencia en gestión de proyectos, pero también ha sido bendecido con el germen de la agilitis startupera. Su máxima fundamental es la siguiente: Dos embarazadas pueden dar a luz a un niño en 4 meses y medio (señor Suárez, no te imaginas la ilusión que me hizo volver a oír ésta frase ;D).

Resumiendo, nuestro CEO, si sigue vivo todavía, ha elaborado papiros enteros de business plans, devorado miles de sándwich mientras imprimía excel y más excel que curiosamente no coinciden con sus diagramas de Gantt ni presupuestos, claro, y entonces, después de 6 meses o un año, con plantilla, un montón de dinero propio o de familiares y amigos invertido, sistemas, prototipos, mockups, y muchas facturas, se da cuenta de que no tiene producto viable ni nada que mostrar, que los amables aceleradores se han ido esfumando por el camino, que la plantilla está en pie de guerra porque tiene un nivel de estrés estupendo, y que hace días que no duerme porque siente que no tiene ningún control sobre su idea o proyecto.

Y entonces, un buen día, el CEO descuelga el teléfono y oye una voz un tanto ronca, pero alegre: Pixel Radius, ¿dígame?.

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